Sofía pidió que la llevaran hasta el mirador, frente al mar. Hacía mucho que no contemplaba un atardecer sin mirar el reloj, sin pensar en lo que haría después. El viento movía suavemente su cabello y el cielo comenzaba a teñirse de violeta, rosado y naranja. A lo lejos, el faro encendió su luz. Sentada en su silla de ruedas, recordó la mujer que había sido antes; independiente, siempre ocupada y acostumbrada a resolverlo todo por sí misma, convencida de que tenía suficiente tiempo para hacer aquello que iba posponiendo. El accidente ocurrió de la manera más inesperada. Era un día cualquiera; uno de esos que comienzan sin ninguna señal de que algo extraordinario vaya a suceder. No hubo advertencias ni oportunidad de prepararse. Todo ocurrió demasiado rápido. En cuestión de instantes, su historia se dividió en dos: la vida de antes y la vida después de aquel día. Desde entonces, había comprendido, quizá de la forma más difícil, que existen acontecimientos capaces de cambiar nuestros p...
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